La emoción de adquirir su nueva propiedad o el afán de poner en venta la actual puede hacer que pase por alto uno de los pasos más importantes en el proceso: la inspección.

Una inspección es un examen objetivo de la estructura física y sistemas de una casa, desde el techo hasta los cimientos, explica la Sociedad Americana de Inspectores de Hogar (ASHI, por sus siglas en inglés), organización encargada de crear conciencia sobre la importancia de los controles de calidad y de mejorar la profesionalidad de los inspectores de viviendas en Estados Unidos.

“Se trata de un proceso en el que se revisan todos los componentes de una casa: construcción, techos, plomería, sistema eléctrico, calefacción, aire acondicionado, aislamiento y ventilación; para luego hacer un informe con el resultado”.

Si bien la inspección no es un paso obligatorio a la hora de comprar o vender, puede considerarse una herramienta clave para negociar el precio de la casa, debido a que ofrece información más detallada que a veces no conoce el agente de bienes raíces ni el mismo propietario.

Para China Guzmán, una cuencana de 35 años, quien estaba en el proceso de compra de casa en Machala durante el verano de 2011, el resultado de la inspección la llevó a un cambio de planes. “El informe final me mostró tantas cosas que debían repararse, que todo señalaba que esa compra se convertiría en un dolor de cabeza en el futuro”, comenta. “Entonces desistí y seguí buscando”.

“Una inspección completa y detallada es necesaria cuando se va a hacer una inversión tan grande como la que hice”, dice Guzmán, que en la segunda ocasión contrató un servicio más económico pero que fue menos específico. “[El inspector] no notó daños existentes en el sótano, ni probó los aparatos eléctricos de la casa, solamente se fijó en la plomería, electricidad y la estética de la casa”.

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