“Aunque como propietario piensas estar al tanto del estado de la casa, podrían existir problemas estructurales que por ser más complicados de detectar, quizá tu desconozcas”, dice Hansen. Una inspección te permitirá entonces identificar los aspectos a arreglar y elegir repararlos para poner un precio más alto a la propiedad o llegar a una negociación con el comprador. Y si el informe de la inspección es positivo, te significará un punto a tu favor.

Para el comprador la inspección es recomendable independientemente de la antigüedad o el tamaño de la casa. Es un error pensar que porque se trata de una construcción nueva no es necesario hacer la inspección; como futuros propietarios es importante conocer el estado de los componentes de tu inversión. Si se trata de una casa más antigua, a la cual se le han hecho modificaciones, adiciones o arreglos estructurales, eléctricos o de plomería, es importante saber si éstos se hicieron con permiso de la alcaldía y si pasaron por una inspección. De lo contrario, el nuevo propietario asume la responsabilidad: la alcaldía, por ejemplo, puede exigirle al nuevo dueño que muestre los permisos correspondientes e incluso que derrumbe paredes para que el inspector examine las conexiones eléctricas y más.

Una vez terminada la inspección, tú recibes un informe detallado con fotos, el cual puedes analizar con tu abogado antes de firmar el contrato de aceptación, y de este modo determinar si las negociaciones son justas, si se podría hacer una contraoferta con precio acorde a los arreglos que deban hacerse o si es mejor cancelarlas. Debes saber que tú siempre puedes consultar las Normas de Práctica (Standards of Practice) de ASHI y pedir mayor exactitud en la revisión.

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